
"...y entonces , desoyendo las advertencias de su padre, el muchacho ascendió como si quisiera alcanzar el paraíso."
La similitud de este relato de la mitología griega y la situación actual de la economía, rozan lo grotesco por su previsibilidad no prevista.
Fruto de la codicia humana por alcanzar el paraíso, al igual que Icaro, entidades financieras, grandes empresas de distintos sectores productivos y, aún, particulares, han caído en picado a causa de un espejismo especulativo de grandes beneficios a corto y medio plazo.
En el caso de grandes compañías se ha hecho necesaria la intervención de los gobiernos para paliar los estragos de una economía de libre mercado, que ha campado a sus anchas con libre albedrío para marcar índices económicos ficticios, confundiendo al mismo tiempo a pequeños especuladores y a consumidores que no han comprendido, cegados por la avaricia, la diferencia entre precio y valor. (En el caso de pymes y microempresas cada uno se salva como puede, si puede.)
La Teoría Cuantitativa del dinero (Martín de Azpilicueta, Escuela de Salamanca, XVI) parece no perder vigencia: el dinero vale más cuando hay falta de él que cuando hay abundancia.
Todo esto tiene que ver con el flujo de dinero en circulación y, en consecuencia, dada la situación actual de la economía, con la forma de valorar el riesgo por parte de las entidades financieras que van a condicionar fuertemente (de nuevo) dicho flujo, produciendo un efecto dominó que abarca desde el pequeño consumidor a los grandes inversores.
El origen de esta regularización necesaria se halla en gran medida en el sector inmobiliario, sus vínculos políticos y financieros, siendo el sector de la construcción el más afectado.
Ningun analista se arriesga a prever la duración de esta crisis que comenzó con el calificativo de desaceleración moderada de la economía. Sea como fuere, esta situación ha puesto de manifiesto una grave falta de capacidad para gestionar el riesgo.
"Icaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayo al mar. Su padre lloró y lamentando amargamente su artes..."
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