
Los enemigos del alma.
Cuando éramos niños teníamos la obligación de aprender, sin comprender, todas las materias escolares vigentes en aquel momento, siendo de especial importancia el catecismo. Recuerdo particularmente la percepción que tuve por aquel entonces de" los-enemigos-del-alma-son-tres-el-mundo-el-demonio-y-la-carne", donde el mundo era cualquiera que no fuese de la familia y además comunista, el demonio una pesadilla roja (¿comunista también?), azote de los malos hijos y los malos pensamientos y la carne...ay! la carne!, en principio, yo creí que la ternera y el pollo.
Tuvo que pasar algún tiempo para averiaguar que la carne se refería a las chicas y a las mujeres de mala vida (¿mala vida? si se pasaban todo el día en la cama!), las madres no contaban.
Mi alma, con alas y todo, estaba destinada a la condenación de los infiernos: me gustaba la carne, las chicas y mi maestra y la vecina de la puerta uno de mi rellano e incluso los maniquís de las tiendas de ropa, a los cuales miraba por debajo de la falda.
Hoy, cuarenta años después, todo ha cambiado: el mundo se ha globalizado y el cambio climático se cierne sobre nuestras cabezas desprotegidas por el agujero de la capa de ozono, mientras la lluvia ácida nos recuerda el azufre del viejo infierno que parece haber subido a la superficie terrestre para arrasar nuestros bosques cada verano con las llamas de la devastación.
Con este panorama, los accidentes, las guerras, el petroleo, la violencia de género y de número, el terrorismo, la economía y la política, ya no se necesita al demonio y la carne...bueno ya tuvieron su castigo con el mal de las vacas locas y la gripe aviar.
Hoy el enemigo del alma es uno: el hombre.
