viernes, 19 de septiembre de 2008

El mundo, el demonio y la carne


Los enemigos del alma.
Cuando éramos niños teníamos la obligación de aprender, sin comprender, todas las materias escolares vigentes en aquel momento, siendo de especial importancia el catecismo. Recuerdo particularmente la percepción que tuve por aquel entonces de" los-enemigos-del-alma-son-tres-el-mundo-el-demonio-y-la-carne", donde el mundo era cualquiera que no fuese de la familia y además comunista, el demonio una pesadilla roja (¿comunista también?), azote de los malos hijos y los malos pensamientos y la carne...ay! la carne!, en principio, yo creí que la ternera y el pollo.
Tuvo que pasar algún tiempo para averiaguar que la carne se refería a las chicas y a las mujeres de mala vida (¿mala vida? si se pasaban todo el día en la cama!), las madres no contaban.
Mi alma, con alas y todo, estaba destinada a la condenación de los infiernos: me gustaba la carne, las chicas y mi maestra y la vecina de la puerta uno de mi rellano e incluso los maniquís de las tiendas de ropa, a los cuales miraba por debajo de la falda.
Hoy, cuarenta años después, todo ha cambiado: el mundo se ha globalizado y el cambio climático se cierne sobre nuestras cabezas desprotegidas por el agujero de la capa de ozono, mientras la lluvia ácida nos recuerda el azufre del viejo infierno que parece haber subido a la superficie terrestre para arrasar nuestros bosques cada verano con las llamas de la devastación.
Con este panorama, los accidentes, las guerras, el petroleo, la violencia de género y de número, el terrorismo, la economía y la política, ya no se necesita al demonio y la carne...bueno ya tuvieron su castigo con el mal de las vacas locas y la gripe aviar.
Hoy el enemigo del alma es uno: el hombre.

jueves, 18 de septiembre de 2008

La caída de Icaro




"...y entonces , desoyendo las advertencias de su padre, el muchacho ascendió como si quisiera alcanzar el paraíso."

La similitud de este relato de la mitología griega y la situación actual de la economía, rozan lo grotesco por su previsibilidad no prevista.

Fruto de la codicia humana por alcanzar el paraíso, al igual que Icaro, entidades financieras, grandes empresas de distintos sectores productivos y, aún, particulares, han caído en picado a causa de un espejismo especulativo de grandes beneficios a corto y medio plazo.

En el caso de grandes compañías se ha hecho necesaria la intervención de los gobiernos para paliar los estragos de una economía de libre mercado, que ha campado a sus anchas con libre albedrío para marcar índices económicos ficticios, confundiendo al mismo tiempo a pequeños especuladores y a consumidores que no han comprendido, cegados por la avaricia, la diferencia entre precio y valor. (En el caso de pymes y microempresas cada uno se salva como puede, si puede.)

La Teoría Cuantitativa del dinero (Martín de Azpilicueta, Escuela de Salamanca, XVI) parece no perder vigencia: el dinero vale más cuando hay falta de él que cuando hay abundancia.

Todo esto tiene que ver con el flujo de dinero en circulación y, en consecuencia, dada la situación actual de la economía, con la forma de valorar el riesgo por parte de las entidades financieras que van a condicionar fuertemente (de nuevo) dicho flujo, produciendo un efecto dominó que abarca desde el pequeño consumidor a los grandes inversores.
El origen de esta regularización necesaria se halla en gran medida en el sector inmobiliario, sus vínculos políticos y financieros, siendo el sector de la construcción el más afectado.

Ningun analista se arriesga a prever la duración de esta crisis que comenzó con el calificativo de desaceleración moderada de la economía. Sea como fuere, esta situación ha puesto de manifiesto una grave falta de capacidad para gestionar el riesgo.

"Icaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayo al mar. Su padre lloró y lamentando amargamente su artes..."